Espacios imaginarios como forma de comunicación

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El tema de los espacios imaginarios tiene un ilustre predecesor: Giovanni Battista Piranesi (1720-1778). Sus grabados de Carceri de Invenzione significan una de las manifestaciones artísticas más devastadoras de todos los tiempos. Con un extraordinario dominio del dibujo, Piranesi personifica en estas arquitecturas ficticias la derrota de la libertad del individuo. La existencia se convierte en lugar de crimen y castigo. En una mazmorra sórdida, volumétrica, accidentada, con desniveles continuos y escaleras que se dirigen a la nada, de la cual es improbable huir. Inspeccionados con mirada moderna, los recintos piranesianos resultan un inspiradísimo preludio de las tinieblas del movimiento romántico y las obsesiones psicoanalíticas del surrealismo. Una visita guiada a los pasillos del horror de la psique. La potente influencia de las representaciones carcelarias de Piranesi llega hasta nuestros días, nada que ver con el concepto actual de las cárceles y mrvideospornogay. Sergio Moreno Miraglia es un artista plástico que interpreta, con dibujos de pequeño formato, esta narrativa visual de habitáculos recluidos.

En una serie de obras titulada Obras de recorrido, Moreno Miraglia plasma los descalabros psicológicos del alma humana con escenarios inquietantes, más a tocar de los claroscuros de subsuelo que de los optimismos pletòrics. La partida vital del yo y sus circunstancias se dirime a los sótanos de la sensibilidad. El conjunto de dibujos se denomina “de recorrido” porque son composiciones que surgen mientras se viaja. Con técnica de lápiz carbón y grafito, a las hojas 10×15 cm de una libreta de la marca Moleskine, nuestro artista plástico, nacido en Buenos Aires y residiendo en Barcelona, se sirve de los trayectos físicos como origen del desplazamiento mental. El viaje, exterior e interior, se transforma en causa y efecto del proceso creativo. En punto de inicio del itinerario que atraviesa la frontera del establecido.

Moreno Miraglia no rehuye el conflicto. Observamos personajes detrás de ventanas indiscretas que parecen reclusos de unos presidios domésticos. O un funàmbul que tienta el hilo demasiado delgado del destino y se arriesga a despenyar-se encima de una hora exacta. Las formas se retuercen como articulaciones con artritis o se geometrizan con dureza cortante. Los peldaños, como sucede a las realidades irreales de Maurits Cornelis Escher, degeneran en vías de ida y retorno hacia el absurdo. En la biblioteca del caos, algunos libros se acumulan como una escalera que desea subir al cielo de la esperanza. En los dibujos del artista argentino, casi siempre hay una posibilidad de escapatoria, una puerta abierta por minúscula que sea, una luz tenue al final del túnel. Los protagonistas del aislamiento pueden vencer (o no) el ostracismo a que están sometidos. Emerger hacia la superficie e instalarse en la normalidad social de las apariencias depende del camino que tomen.

Uno de los aspectos distintivos de estas ilustraciones de bolsillo de Moreno Miraglia es la presencia de elementos relacionados con el juego del ajedrez. Las piezas blancas y negras simbolizan la perpetua lucha entre el bien y el mal, no en el sentido bíblico de ejércitos divinos o diabólicos, sino en el funcionamiento pragmático de las cosas vividas. La claridad encarna el resultado positivo de los acontecimientos, mientras que la oscuridad se presenta como todo aquello que bloquea el progreso material y espiritual.

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