Películas que observan la realidad de manera singular

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Por las ventanas de un hogar se sienten gritos y se ven luces. Quieren los adoquines, se entrevén las sombras del poder y los estudiantes levantan barricadas. Rabia muy viva: en la calle estalla la revuelta. En medio del fuego y las consignas, la vida cotidiana continúa. Como un imperativo para no perder las raíces y los afectos. ¿Qué pasa en estos hogares? ¿De qué hablan los gestos de las personas que quizás no gritan tan fuerte pero hacen avanzar la vida? ¿Se puede vivir políticamente? Hay un cine que nos lo muestra.

Un cine que va más allá de la interpretación

A continuación, tres películas que nos han invitado a habitarlas en medio de conflictos sociales. Sus tramas rechazan la acción frenética o las gestas heroicas, y se abren lentamente a nosotros, como las puertas de un acogedor hogar con el fuego encendido. De Mayo del 68 a la caída del Muro de Berlín. Un cine para curarnos en él, cálido y acogedor, pero lejos de la pasividad o la alienación. Para ver cómo el hogar, la calle, los grandes discursos o nuestras vidas, también son un lugar político. Este cine no solo se ve, sino también se vive: se resguarda en nuestros recuerdos y crea un dejà-vu cada vez que la realidad nos ofrece una rima, un gesto, un comentario. Un cine de identidad y memoria. Habitar es hacer cotidiano un espacio: el cine que nos invita a habitarlo, finalmente hace vida a nuestro recuerdo.

El cine de habitar nos muestra la diferencia entre la política del gesto y el gesto político. La política del gesto ocupa la calle, el espacio de fuera de la vivienda; se esconde dentro de los discursos y traza una jerarquía. La política del gesto nos habla desde arriba. En cambio, el gesto político se esconde entre los afectos y las conexiones: muchas veces es invisible. Tiene una forma intrascendente, se muestra a través de los detalles de la vida cotidiana. Insignificantes a primera vista, pero portadores de mensajes.

  • Soñadores (Bernardo Bertolucci)

  • Good bye, Lenin! (Wolfgang Becker)

  • Las armonías de Werckmeister (Béla Tarr)

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